Page 50 - Anuario 2021
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PROCESIÓN DE MADRUGÁ




        PROCESIÓN DE MADRUGÁ






        Andrés Bruno Romero  Mantero



             Un golpe seco de llamador y un racheo acompasado,       Calle Camacho, silenciosa.
                     se hacen eco en la silenciosa madrugada.        Iluminado callejón de Don Rodrigo.
                                 Por el brocal de la ermita,         Valle de la Fuente escoltado de azahares.
                              el brillo de unos candelabros,         Abierto espacio de la Plaza.
                              hacen más luminosa la piedra.          Ajustada la emoción en la puerta de la Iglesia.
               El Niño de Belén que se obsesionó con el Calvario,    ¡Labrador que traes a casa, el olor de la cosecha!
                                    ahora hecho Hombre,              Al Dios vivo se le reza
                                            horizontal,              -objetivo esencial de la Estación de penitencia- . . .
                                           casi tendido,             Y con el mismo silencio solitario,
                                  y con una Cruz a cuesta,           el regreso comienza:
                 -pero en el intento permanente de levantarse-,      Calle Real de Abajo . . .
                                    aparece por la puerta.           y por el Cantón, . . .
                                   Un remolino sin viento.           se presienten luces nuevas.
                               Un conjunto de llamas, nace,          El alba quiere asomarse
                                  desde la misma candela.            a contemplar la belleza,
                            Vibra el redoblante, convirtiendo        de todo un Dios luchando,
                                  en un himno a la tristeza.         por superar las flaquezas.
                                     Saca a la luz “el siete”        Ahora pesa más la Cruz
                                   las raíces de esta tierra         y es más honda su huella
                                 Vibra el enjambre de luces          pero es más fuerte el abrazo
                                  de las sencillas promesas          por no soltar la mancera.
                                que se contentan con verte           En los tejados, despereza su canto un gorrión . . . La música
                                sólo el pié de tus flaquezas.        suena: “Al Gólgota sube / por darnos la vida . . . “
                                 Y en el candelabro dorado           ¡levemente te ayuda un cirineo
                                  vibran almas volanderas            y unos arcángeles lloran en los costeros!
                                 - alas gozosas, que forman          El Cristo llega a la cumbre y hay una mirada
                                    la procesión paralela -          sobre el Valverde disperso por los campos
                Y con esa postura de caído a punto de levantarse     de la solana de esta sierra.
                                 Dificultades de un pueblo           La voz limpia de una mujer, reza con una saeta:
                                  con ansias de superarse.           “No se pinta la agonía / ni tampoco el padecer /
                                  ¡Cómo encaja tu modelo             esa cara doloría / que lleva, al amanecer /
                                    ¡Señor de dificultades!          el Cristo de las Tres Caídas”
               Con esa imagen y en ese preciso momento, en ese       Mientras,
                                              instante               el Cristo,
                             te viniste a anidar en este otero.      mirando siempre a su pueblo,
                  Y te has convertido en guardián, en centinela.     “poco a poco”,
            Faro que alumbra el camino, para que no tropecemos.      se posa en el fondo de su ermita.
                                 Confidente de problemas.            ¡Costaleros ahí quedó! nuestro Cristo de la cuesta.”
                                  Aupador de desalientos.            ABRM
                            Has cogido la Cruz y no la sueltas
                       aunque Tu cuerpo ruede por los suelos,
                          pero apoyas tu mano en una piedra
                      empecinándote en escalar este repecho.
                            Has cogido la Cruz y no la sueltas
                       aunque Tu cuerpo ruede por los suelos,
                          pero apoyas tu mano en una piedra
                      empecinándote en escalar este repecho.







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